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La Imperecedera Cultura Maya

Por Marcia Morgado

Llegar a la Riviera Maya y percibir la bienvenida de la brisa caribeña equivale a sentir que uno ha entrado en una zona tocada por los dioses. Y de hecho así es.

La cultura que nos ha enriquecido tanto en matemáticas como en arquitectura, con sus pueblos simétricos, elegantes, equidistantes; pueblos donde los astros jugaban un papel definitorio mucho antes de que los seres humanos de la modernidad lograran comprender la influencia del cosmos en nuestro cotidiano andar. Música, artesanía, comida y espiritualidad se funden en el ambiente desde un paseo por la Quinta Avenida en Playa del Carmen o en Akumal.

Eco de una cultura que aparece por cada rincón: en la señorial ceiba o yaxché, considerada el “árbol sagrado de los mayas", directamente imbricada a sus creencias místicas. En la lectura de los puntos cardinales, regidos todos por el dios Chaac, protector de la agricultura: al este, Chaac Xib Chaac (rojo); oeste, Ek Xib Chaac (negro); norte, Sac Xib Chaac (blanco) y sur, Kan Xib Chaac (amarillo). Al centro, yaxché. El latir maya se percibe en la manera en que los artesanos enfocan sus trabajos, ya sean las máscaras ceremoniales, las tallas de madera o las canastas tejidas. Respecto a los tejidos, parte integral de la artesanía de la zona, cuentan que fue la propia diosa Ixchel quien le entregó ese don a las mayas junto con los telares de cintura y los símbolos con que debían enriquecer sus labores: flores, ranas, serpientes o diamantes, cada uno lleva una connotación mística. La presencia de la diosa de las aguas y de la Luna, de la medicina y la procreación, todavía disfruta de gran respeto en la zona, con un templo en el punto más al sur en Isla Mujeres.


No es de extrañar que a los mayas les llamaran “hombres de maíz” dado que es el ingrediente esencial en la comida del pueblo, cocinado en una miríada de formas: asado (plib), sancochado (chaakbil na), tostado (póokbil nal) y, sobre todo, en las tortillas, las ubicuas waaj. Otras maneras de prepararlo incluyen los consabidos tamales, el pozole y el atole (que puede comerse salado o dulce). Para las fechas importantes, se prepara el elaborado relleno negro. Recado, pimienta y chile complementan la sazón que le inyecta un carácter especial a los platillos de esta región.

La música jugó un papel destacado en el universo maya, parte de los ritos ceremoniales, evidente en las crónicas, códices y murales. Predominaban los instrumentos de viento, con flautas, caracolas marinas que servían como trompetas y silbatos, así como los de percusión, entre ellos el tunkul, que antaño se confeccionaba con el caparazón de una tortuga y astas de venado. En las representaciones de carácter religioso —principalmente danzas, tañido del tambor, ataque con armas, cautiverio, decapitación y presentación de ofrendas que aparecen en los murales en Tulum así como en los de Santa Rita— ya se observa una combinación de estilos: rasgos mayas con elementos de la iconografía Mixteca-Puebla, lo cual equivale al intercambio regional y étnico, parte de la dinámica posclásica que han denominado como “internacional”.

Además de los logros mayas en matemáticas, arquitectura y artes, entre los aspectos más atractivos de la Riviera Maya está la hospitalidad y la tranquilidad matizadas por el vaivén de las olas, que es como el movimiento de las yucatecas con sus alegres huipiles bordados de brillantes colores que refulgen bajo el intenso sol, perfecto acompañante a la gentil sonrisa de su gente.

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