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Paseos llenos de misticismo
Exuberante e histórica, la Riviera Maya les ofrece a los exploradores un vistazo a culturas antiquísimas y paisajes únicos.
Hace más de mil años, los viajeros atravesaban las selvas yucatecas guiándose por los sacbes o caminos de piedras blancas que comunicaban los pueblos y ciudades del imperio maya entre sí. Todavía existen unos 40 sacbes que salen de Cobá, el próspero epicentro comercial maya que alcanzó su época de mayor esplendor entre los años 500 y 1100 d.C., entre ellos uno que se extiende a lo largo de casi 100 kilómetros hacia Yaxun, otro sitio arqueológico.
Pero las civilizaciones a veces pasan inadvertidas en la historia, y ése parecía ser el destino de Cobá. Abandonada por razones todavía desconocidas, la selva se la tragó cubriéndola de maleza, y sus 6.500 edificios, templos y pirámides —que se extendían en un radio de más de 207 kilómetros cuadrados— desaparecieron de la vista.
Pero Cobá no se perdió para siempre. Redescubierta en la década de 1890, fue sometida a un proceso de restauración en los años 1970. A diferencia de otros asentamientos mayas totalmente recuperados, la mayor parte de Cobá sigue yaciendo bajo la vegetación selvática, toda una ciudad misteriosa todavía intocada por la modernidad.
Sin embargo, ello no significa que esté vedada al visitante. Alquile una bicicleta para recorrer el sacbe o dé una vuelta por el lugar. Suba hasta la cúspide de Nohoch Mul, la pirámide más grande de la península de Yucatán (42 metros) o ascienda los escalones de piedra de la segunda pirámide más alta de Cobá, el templo de La Iglesia, para contemplar el magnífico paisaje de Macanxoc, uno de los cuatro lagos cercanos y razón del nombre de Cobá, que significa "aguas del viento" en lengua maya. Hay visitas guiadas y clases de alfarería que enseñan las antiguas técnicas mayas para trabajar la cerámica. Pruebe la delicia yucateca conocida como marquesita, un pastelillo relleno de queso y crema y enrollado en forma de cono de helado. Y si tiene pereza o quiere sentirse como miembro de la realeza maya, súbase en la versión yucateca de una calesa para pasear por los caminos selváticos.
Tulum, que antiguamente fuera un importante puerto marino, se yergue sobre los acantilados que se precipitan a las cerúleas aguas del mar Caribe.
Después de entrar, dedique algún tiempo a ver los voladores, cinco hombres vestidos con trajes mayas que recrean un rito ceremonial en el que cuatro de ellos cuelgan de cuerdas atadas a los tobillos de un alto poste de madera, mientras el quinto, cuyo trabajo parece el más sencillo, toca una flauta al tiempo que los otros dan vueltas en el aire. Luego, siga el sendero de gravilla que lleva a la ciudad antigua.
El centro focal de Tulum es El Castillo, con su empinada escalinata que conduce al templo cuyas columnas fueron esculpidas en forma de serpiente de cascabel. Con una torre de observación y un faro para guiar a las embarcaciones a la seguridad del puerto, El Castillo se yergue como un centinela sobre la ciudad amurallada, protegiéndola de invasores y sirviendo de refugio para sus habitantes. Haga una parada en el Templo de los Frescos, que aún guarda borrosos trazos que cuentan las historias de Chaac, dios de la lluvia, e Ixchel, diosa de la luna, las corrientes de agua y la fecundidad femenina. Recorra el perímetro exterior de la ciudad, donde los senderos se vuelven más escarpados. Allí verá el Templo del Dios del Viento, que se distingue por su base circular, y la Casa del Cenote, que recibe su nombre por el lago subterráneo de oscuras aguas que yace bajo la superficie.
Para refrescarse del calor yucateco nada mejor que un chapuzón en la playa que se encuentra al pie del acantilado donde se levanta Tulum, pero reserve algo de energía para la caminata de regreso.
La Reserva de la Biosfera Sian Ka'an, de 526.100 hectáreas y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, comienza sobre la misma línea costera del Caribe y se interna en la selva. En Sian Ka'an yacen 23 sitios arqueológicos conocidos (algunos se remontan a 2.300 años) y habitan 103 mamíferos, 336 especies de aves y es además importante criadero de aves y tortugas; la reserva es una ventana fascinante y singular a la riqueza ecológica y la historia arqueológica de la Riviera Maya.
Una plataforma de madera lleva a través de la espesura selvática, la llanura, los mogotes, los pantanos y las dunas antes de terminar en una apartada playa. Hay marcadores que identifican la gran variedad de plantas, entre ellas bromelias, orquídeas y uveros de playa, además de especies raras de árboles como el chicozapote, caoba, zapote y otras especies exóticas. Mientras va explorando, podrá observar la variedad de animales silvestres de la zona, como pelícanos, ibis, garzas y cormoranes, así como tortugas y peces.
Otra singular experiencia consiste en subirse a una embarcación de Sunset Birdwatching Tour, que atraviesa las lagunas de Caapechen, Boca Paila y San Miguel y se detiene en Isla Pájaros. Contemple cómo se esconde el sol sobre los manglares y la laguna. Disfrute de una cena en el restaurante de la reserva (que sirve delicias como quesadillas de pescado y arrachera). También puede hacer el Canal Tour, un viaje que recorre una ruta comercial maya de más de 1.200 años de antigüedad, e incluye una parada en diversas ruinas y la oportunidad de bajar flotando por un río de refrescantes aguas.
Algunas imágenes cortesía de SELVÁTICA — emocionantes tours de aventura y actividades para toda la familia.


